Texto: Marta Tobar
Fotos: Fran Cea

Es innegable la evolución que Israel Nash ha demostrado desde el personal “New York Town” hasta el reciente “Silver Season”. En seis años ha pasado de un folk desnudo y crudo a un rock intrincado en el que la producción gana peso. Eso en el estudio, porque Israel Nash demostró en directo que la distancia entre ambos mundos no es tanta. La esencia, el talento, permanece en todo caso intacto. En ausencia de fechas en nuestro país, la cita con el americano fue en la sala La Marroquinerie de París, un local para unas quinientas personas que si no logró el soul out lo rozó muy de cerca (por cierto, sin mayores medidas de seguridad que un rápido vistazo a los bolsos).

El público, con una media de edad que sobrepasaba los cuarenta, acudió temprano y mucho antes de que actuasen los teloneros la sala presentaba ya un buen ambiente. De éstos, un dúo francés llamados King Biscuit compuesto por un guitarrista y una especie de hombre orquesta armado con extraños artilugios, no hay nada bueno que decir. Pretenciosos, malos a rabiar y con una propuesta tan arriesgada como absurda debido a sus limitaciones musicales, torturaron al respetable durante nueve interminables temas que el público soportó con admirable atención.

Tras un breve impás, Israel Nash subió a escena acompañado por los cuatro músicos que componen su banda. El concierto arrancó con “Woman at the well”, robando al respetable la bella “Goodbye Ghost”, el tema con el que ha abierto todos los conciertos de su gira europea y que en esta ocasión obvió. Enseguida fue evidente que Nash tiene ahora una visión muy diferente de los temas de sus dos últimos discos, álbumes en los cuales basó mayoritariamente el setlist de la noche. Si el estilo de Rain Plans y Silver Season le ha valido constantes comparaciones con Neil Young, en directo Nash aborda las canciones de una forma más directa. Como en la gira anterior, el pedal steel sigue teniendo gran protagonismo y la banda alarga los temas en ricos desarrollos instrumentales pero nada queda del ambiente psicodélico e hipnótico que reina en los álbumes.


Willow”, “Parlor Song”, “LA Later” y “Lavendulla”, cuatro temas de su último trabajo, sonaron a continuación, y con las guitarras mandando sobre el resto de los instrumentos, las canciones adquirieron un matiz mucho más rockero. La banda, impecable, suena en directo muy potente, bien encerados, y a Israel Nash se le veía cómodo en el escenario, interactuando con su guitarrista y cantando con voz clara y enérgica. Mientras, a su lado, testigo mudo del cambio de registro de su dueño, la gretsch blanca que tocaba en su anterior tour lució toda la noche solitaria sobre su peana sin que ningún momento fuera utilizada.


De vuelta a Rain Plans, fue el turno de “Mansions” y “Just Like Water”, que, como el resto de los temas, fueron despojadas de las intros y de cualquier atisbo de psicodelia. El tiempo pasaba deprisa y tras “Strangers” y “Mariner’s Ode”, llegó el clímax en forma de “Rexanimarum”, durante la cual Nash se separó del micro para interpretar el estribillo a viva voz mientras la banda permanecía expectante. Así dejó al público antes de los bises, clamando para que alargara un concierto que en ese momento no llegaba a la hora de duración.

A la vuelta de un corto descanso, Israel Nash sorprendió con una canción “Oldie but goodie”, según sus propias palabras. Se refería a “Fearless” de Pink Floyd, tema al que dieron un giro más eléctrico. Con “Rain Plans” el concierto parecía haber llegado a su fin pero la insistencia del público y la duración excesivamente corta del set (apenas 70 minutos) forzaron a Nash a volver al escenario en un segundo bis inesperado y que supuso la única concesión a sus primeros discos. Con una maravillosa versión de “Baltimore”, Nash se despidió definitivamente del público francés.


Israel Nash nos muestra en esta gira una nueva vuelta de tuerca a su forma de interpretar y sentir la música. Con la mente puesta de nuevo en el estudio, como nos confesó después del concierto, queda la incertidumbre de cuál será su siguiente paso. En todo caso, con el genio que posee este artista, la apuesta es segura.

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