Por Larrypas

Una semana hace que viví las esencias del rockanroll de la mano de Dan Baird y los suyos en dos conciertos frenéticos que aún retumban en mis oídos, que libran una ardua batalla contra los acúfenos que los acosan. Contenidos pero no derrotados, éstos se lanzan a una nueva ofensiva con la visita a la Sala Azkena bilbaína de Lee Fields & The Expressions, estandarte del soul negro y orgulloso, en contraposición a la pléyade de jovenzuelos blancos que han encontrado en el género la forma de expresión adecuada a todas sus inquietudes. Y, ojo, que no es crítica, que han contribuido en gran manera al revival de un género apagado y apocado y que, con artistas como Fields, está alcanzando cotas de calidad impensables antaño.



Superviviente de un estilo a la antigua, con más de 40 años de carrera a sus espaldas, Fields impregna a su música de calidez soul, de pinceladas funk y de sofisticación, quizás excesiva, en sus discos. Y es que, para este pequeño artista su época dorada es la actual, con un sello potente que apuesta por él y le dota de una banda, The Expressions, incombustible al desaliento y que destila groove por todos sus instrumentos. Seis músicos con empaque que envuelven la voz de Lee y dotan a su propuesta de la solidez necesaria, palpable en el excelente último disco “Faithful man” del que el propio Fields comenta: “… creo que he hecho un largo camino, que no he parado de crecer hasta llegar a este disco”. Amen.

Con estos antecedentes se presentaba Fields en Bilbao tras su paso por la última edición del Azkena Rock Festival, donde despachó un concierto a la altura de su talento, batalló con la más fea en forma de tercer escenario y solapes varios con el principal y nos gustó más que un coetáneo suyo de más fama en la actualidad, el danzón Charles Bradley. Aun y con la confusión generada por el cambio de sala de última hora, el Azkena presentaba un buen aspecto, con la peña expectante y rendida en cuanto Lee pisó el escenario tras introito instrumental.



Así, en poco más de una hora de show, corto sí (quizás en exceso) pero intenso, Lee Fields despachó sonidos más duros que en sus rodajas digitales, buceó en el sonido Stax, se dio un paseo por Atlantic y dejó de lado sonidos filadelfianos más elaborados. Ardiente, destiló hormona en “I’m still hanging on” para dar paso a una desenfrenada “Ladies”, “Wish you were here” sonó elegiaca en memoria de su padre y se acercó más a la senda sofisticada de los discos, sonando cool en “I still got it” y cual meloso  caleidoscopio en “Your’re the kind of girl”.

En un set cuesta abajo volvió a los orígenes y se descolgó con funky psicalíptico con el dinero como motivo (“Money i$ king”), nos engatusó con el único acompañamiento de la guitarra en “Could have been” y nos noqueó con un final digno de apisonadora. Fields seguro que recordó los tiempos en que se recorría antros infumables en pos de la gloria y, junto con su banda, nos lanzó trallazos de pasión, alardes a la voz y groove sucio, sí suciedad en los instrumentos, con temas desgarradores que tuvieron su colofón final en una turbulenta y triturante “Faithful man”, ampliado en el bis con “Honey dove” en donde nos desgañitamos con los yeahhhhh de rigor en medio de otro fragor brutal.
Y para casa, otra vez con los oídos desbordados y con los acúfenos campando a sus anchas tras una dosis de soul generoso y vitaminante, corto en el tiempo pero tremendo en la pasión.

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