Stacey Earle y Mark Stuart ofrecieron el pasado viernes 4 de Junio en la madrileña Sala El Sol uno de los mejores conciertos de country/folk que se pueden disfrutar a día de hoy en todo el mundo.
Para su tercera visita a nuestro país, esta vez en formato de dúo tras su último paso acompañados por Jason Ringerberg, la presentación de una pulsera “flashdrive” con toda su discografía más decenas de temas inéditos servía de excusa para una velada disfrutada en la intimidad de una sala que presentó una afluencia algo escasa y que se adaptó para la ocasión con mesas y sillas en su pista desde donde los asistentes pudieran disfrutar de manera cómoda y relajada las casi dos horas de concierto acústico en la que el matrimonio de cantautores repasaron su trayectoria juntos y alguna de sus composiciones individuales.


Parapetados tras sus guitarras y con el único escudo de su voz emocionaron y mantuvieron en vilo a una concurrencia que asistía atónita a la demostración de honestidad brutal, en forma de canciones, con las que la dulce y suave voz de Stacey, más clara y transmisora de sensaciones todavía que en ocasiones precedentes, nos proporcionaba la visión personal y desgarradora de su vida a través de composiciones en las que con la colaboración del tono nasal de Mark Stuart, a medio camino entre Dylan y el John Hyatt más juguetón, daban forma a adaptaciones crudas de Spread Your Wings, Makes Me Happy (una de las triunfadoras de la velada), Is It Enough (I Luuuv You), Ragged Suitcase, una conmovedora Wedding Night (de la primera obra en solitario de Stacey llamada Simple Gearle), Must be Love o las más conocidas Never Gonna Let You Go, Up in Annie´s Room, Simple Gearle o Cry After Night, con las que finalizaron el concierto.



Junto a ellas hubo tiempo para que Mark presentara varias de las canciones de su disco en solitario Mark Stuart Left of Nashville, una impresionante versión del My Guitar Gently Weeps y contemplar el juego de miradas y complicidad que esta pareja mantiene a lo largo de los 18 años que llevan conviviendo y de la que hacen partícipes a la audiencia a través de confidencias e historias personales que enlazan las canciones estableciendo entre ellas un nexo de unión entre sus vidas y las de los asistentes, en un feedback único y cercano que consiguió emocionar a parte del público de la misma manera que a Stacey, a cuyo rostro asomaron las lágrimas en varios momentos del show.



Como si de un cuento se tratara se combinan sobre el escenario la belleza inusitada de una voz que acaricia con una mano llena de heridas del alma, de cicatrices que han surgido por las numerosas vicisitudes de una vida repleta de historias descarnadas, con la bestia musical de un intérprete prodigioso en el uso de su guitarra y que es capaz de completar con capas de texturas musicales, desde el folk al blues pasando por el swing o los sonidos más hippies, y despertar un volcán que en su bella eclosión es capaz de destruir todo lo que se pone por delante en una alegoría vital que deja la enseñanza de que aquello que no te destruye te hace más fuerte.

Y mientras tanto todos los demás nos mostramos tan impasibles como frágiles, ante una tormenta de sonidos que constituyen una historia de vivencias que a pesar de las diferencias nos hacen a todos únicos.



Stacey Earle y Mark Stuart nos reconcilian a todos con la música y con una profesión que en muchas ocasiones se muestra excesivamente prostituida. Solo nos queda esperar a que no tarden otros dos años en volver a visitarnos.



by beerbeer

Artículos relacionados


1 comentarios

  1. Rocklive.es // 9/6/10  

    Gracias Beerbeer, estupenda crónica, se nota que te gustan